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Jesús García
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Jonathan Edwards y el Problema de la Fe y la Historia.

Un punto de contacto con la discusión contemporánea

  1. El resurgimiento del interés en el pensamiento y la vida de Jonathan Edwards  está justificado completamente, porque el realmente  fue uno de los más grandes filósofos – teólogos que halla producido América alguna vez.    Una cuestión de gran significado contemporáneo que a mi manera de ver no se ha tocado en relación a este escritor extraordinario es la cuestión de la “fe y la historia.” En otras palabras, la cuestión de como Edwards concibió el terreno de la fe en relación al conocimiento histórico,  ya que esto no se ha planteado en el creciente cuerpo de la literatura secundaria. Me gustaría plantearle esta cuestión a Jonathan Edwards y desentrañar su respuesta a medida que él la desarrolla en Un Tratado Concerniente a Los Afectos Religiosos

La importancia contemporánea de la cuestión de la fe y la historia (a lo cual solo puedo hacer referencia aquí) se debe al incremento del método histórico crítico en los estudios bíblicos. En su reciente trabajo sobre el método histórico crítico Edgar Krentz establece el problema de esta manera: “el criticismo histórico solo da resultados probables. Ese, solo relativiza todo. Pero la fe necesita certidumbre.” Bajo estas condiciones es común en estos días hacer de la incertidumbre histórica una virtud que por si sola abre el camino a la fe: “La Crítica nos libera de la tiranía de la historia y deja clara la vulnerabilidad de la fe Por lo que para muchos eruditos  la certidumbre de la fe no tiene apoyo en  los resultados de la investigación histórica. 

Por otro lado, Wolfhart Pannenberg, deplora lo que él llama el vuelo “hacía un puerto que se supone que es seguro desde la oleada histórica crítica la disyuntiva de la certidumbre de la fe desde su base en la historia racionalmente conocida es  para Pannenberg, “perjudicial  para la esencia de la fe” y conduce “a una credulidad ciega Él rechaza la idea de su crítico Paul Althaus de que la fe en si misma fundamenta nuestro conocimiento de la revelación de Dios en los eventos históricos. ‘Una persona no trae fe con ella hacia los hechos como si la fe fuera la base para encontrar la revelación de Dios en la historia de Israel y de Jesucristo.’ Contrariamente la fe descansa en el conocimiento racionalmente verificable de los hechos históricos como el caso de la resurrección de Jesús.

Así  que la ya vieja  disputa en lo concerniente al rol de la razón y el conocimiento histórico como la base de la fe no parece menguar. Una pregunta que resalta por la actual controversia, la cual se desliza fácilmente hacia el fondo en las discusiones académicas es esta: ¿Cuál sería el rol de la razón y el conocimiento histórico para el laico – el no historiador – en su intento por  creer en el evangelio de Cristo? Daniel Fuller, quien tiene un profundo aprecio por el pensamiento de Panneberg ha criticado la posición de Pannenberg en esta cuestión:

Si el razonamiento histórico es el único camino por el cual los hombres pueden alcanzar la fe, entonces la fe se convierte en una posibilidad solo para unos pocos que pueden razonar históricamente, y la fe para el hombre común solo es posible si el está dispuesto a someterse a la autoridad de un clero de historiadores.

Pannenberg, esto será recordado, quiere hacer de la fe una posibilidad para todos los hombres mediante lo que virtualmente es un clero de historiadores.  La tarea de la teología según él la ve, es imponer la credibilidad de la proclama cristiana, para  que los laicos puedan creerla por causa de la autoridad que los teólogos, con conocimientos  históricos especiales puedan proveer

Esta es la misma situación de los que no son historiadores, el hombre común, que determina la forma en que Jonathan Edwards manejó la cuestión de la fe y la historia. Su punto de inicio no es: ¿Qué es lo posible para el razonamiento histórico? Sino más bien ¿Que es lo posible para el miembro común de la iglesia? Aun en su Tratado Concerniente a los Afectos Religiosos,  del cual Ola Winslow dice que no fue dirigido a su rebaño sino a sus hermanos intelectuales, Edwuards revela su preocupación pastoral por sus fieles comunes.  El aclara “Es imposible que los hombres que no tienen algo del punto de vista general de la palabra histórica, o de la serie de historias de época a época, puedan venir a la fuerza de los argumentos por la verdad del cristianismo, sacados de la historia hasta ese punto, tan efectivamente como para inducirles a aventurar su todo sobre esto” (pag. 292, col. I). La voz del misionero se puede escuchar cuando el añade, “Miserable es la condición de los indios Houssatunnuck y otros, que han manifestado últimamente su deseo de ser instruidos en el Cristianismo, si ellos vienen sin la suficiente evidencia de la verdad del Cristianismo,  como para inducirlos a venderlo todo por Cristo, que no sea de otra manera sino de esta” (pag. 292, col. 1).

A pesar de su rechazo de la argumentación histórica como base de la fe para los no historiadores (ni para los historiadores, como podemos ver), Edwards no menosprecia el rol de la razón o de la evidencia valida aun en el caso de la gente sin educación. Como podemos ver, Edwards cree que “Los afectos de la verdadera gracia se asisten de una convicción de la realidad y la certidumbre de las cosas divinas” (pag. 288, col. 2) y que esta “certidumbre” se funda en la “evidencia real” y “la buena razón” (pag. 289, col. 2). Pero primero debemos definir con precisión, que es para Edwards, el objeto de esta certidumbre salvadora.

El Objeto de la Fe Salvífica

De acuerdo con Edwards, el objeto de la verdadera convicción salvífica es “las grandes cosas del evangelio” (pag. 288, col. 2). Por “Evangelio” el quiere decir “las doctrinas que allí se enseñan, la palabra que allí se predica, y los consejos divinos, los hechos y los trabajos que allí se revelan” (pag. 291, col 1). El se refiere a la “verdad de evangelio; la cual es la gloriosa doctrina que la palabra de Dios contiene, concerniente a Dios, a Jesucristo, el camino de salvación mediante él, y la palabra de gloria que el ha vaciado en ella, y que ha comprado para todos aquellos que creen” (pag. 289, col. 2)

El objeto de una convicción llena de gracia y salvación, sin embargo no es simplemente la factibilidad de las cosas del evangelio sino la “santa belleza y lo afable en las cosas divinas” (pag. 291, col 2). Es “la gloria de la perfección moral de Dios” manifestada en las grandes cosas del evangelio el cual es el objeto definitivo de nuestra convicción (pag. 291, col 1). O, como el lo llama en otro sitio, el la “suprema y santa experiencia y la belleza de esas cosas” (pag.  290, col 2). Belleza, excelencia, perfección, afabilidad, divinidad, santidad – esas son las cualidades del evangelio del que la fe salvífica debe ser cierta.

Lo razonable de la fe salvífica

Habiendo definido el objeto de la fe  podemos ahora preguntar que es esto que distingue la fe como genuina y salvadora. Esto nos remite directamente a la concepción de Edwards sobre la base de la fe. Para que la fe sea genuina debe ser “razonable” y “espiritual.” Voy a discutir estos temas por separado y luego trataré de integrarlos.

Edwrads explica, “Por una convicción razonable, yo quiero decir una convicción fundada en evidencia real o en aquella que es una buena razón, o solo una base de convicción” (pag. 289, col. 2). En otras palabras, no es suficiente que uno tenga una fuerte convicción de la verdad del evangelio; la convicción debe proceder de de una base justa o razonable. Si uno es persuadido de la verdad del evangelio simplemente por que los padres de uno, los vecinos, o la nación creen en esto, entonces uno tiene una persuasión no razonable, es por ello que los “mahometanos”  están fuertemente persuadidos de la verdad de su religión. “Esa fe en la verdad de la religión Cristiana, que está construida en la mismísima base de la  de los mahometanos que creen en la religión mahometana, es el mismo tipo de creencia. Y aunque lo que se cree viene a ser mejor; aun así no hace que la creencia en si misma sea de una mejor clase, porque aunque lo que crean resulte ser cierto, esta creencia no se debe a esta verdad, sino a la educación” (pag. 289, col. 2) Para Jonathan Edwards, la convicción que no procede de una percepción de la verdad de su objeto no es una convicción llena de la gracia salvadora.

No es mi intención en este ensayo entrar en un debate concerniente a las diferentes influencias filosóficas que conformaron el pensamiento de Edwards, pero ceo que un breve comentario en esa sección sería correcta. Él ciertamente conoció de primera mano la preocupación por la claridad epistemológica de John Locke"ftnref17" "ftnref17" "#ftn17"17en cuyo Ensayo Concerniente A la Comprensión Humana (1690) )strong /strong el joven Edwards encontró más placer “que el que encuentra el avaro más codicioso, cuando levanta sus manos llenas de plata y oro de algún tesoro  recién descubierto.” "ftnref18" "ftnref18" "#ftn18"18 A través de Locke, quien había “encontrado gran satisfacción en los escritos de Descartes,ftnref19" "ftnref19" "#ftn19"19 Edwards fue casi ciertamente convencido de la pasión de Descartes por la verdad y la certidumbre mental."0" "0" "0"20

Sería un error, sin embargo, si yo diera la impresión de que el pensamiento de Edwards fue sencillamente una replica de sus predecesores´, y que los afectos religiosos fueron más filosóficos que bíblicos. El transformó y fue más allá de lo que él recibió en herencia. Como observa Harold Simonson, Edwards “comenzó su Tratado Concerniente a los Afectos Religiosos citando no a Locke sino a 1º de Pedro 1:8. En otras palabras, el objetivo principal de Jonathan Edwards fue ser bíblico, para exponer su tema “tan exactamente agradable a las Escritura como pudiera yo hacerlo posible” (pag. 302, col. 1). Este enfoque bíblico se hará más evidente a medida que avanzamos hacia  la segunda característica de la fe que la  distingue como una genuina  fe salvadora.

La Espiritualidad de la Fe Salvífica

 “No solo se requiere que la creencia… pueda ser razonable  sino que también debe se una creencia o convicción espiritual” (pag. 290, col 1). No toda convicción razonable es genuina convicción salvífica, porque “algunos hombres naturales adquieren cierto tipo de aceptación de sus juicios sobre la verdad de la religión cristiana a causa de  las pruebas racionales o de los argumentos que se ofrecen para evidenciarla” (pag. 290, col 1); el cita como ejemplos a Judas y muchos otros que oyeron a Jesús (Juan 2:23-25) y a Simón el mago (Hechos 8:13, 23). La aceptación que el hombre adquiera debe ser del tipo espiritual. Lo que quiere decir Edwards por “Una convicción espiritual de la verdad de las grandes cosas del evangelio, es una convicción tal que se surja de tener una aprehensión espiritual” (pag. 290, col. 1); por lo tanto la convicción espiritual depende de la comprensión espiritual. La razón por la que Judas, los judíos y Simón el mago no tuvieron la correcta clase de convicción fue que ellos no tuvieron la comprensión correcta o una verdadera aprehensión.

Edwards se refiere a esta aprehensión verdadera de las cosas del evangelio como espiritual porque el Espíritu de Dios permite a “la mente verlas tal como ellas son” (pag. 290, col 1). Él encuentra apoyo  a este permiso divino en Mateo 16:16, 17:6-8; y en Lucas 10:21, 22: “Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños… nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”

Él define también   esta verdadera aprehensión de las cosas divinas del evangelio como “espiritual” a causa de la clase peculiar de conocimiento que involucra. Aprehensión espiritual  o comprensión “consiste en  la sensación  y gusto de la divina, suprema y santa excelencia y de la belleza de esas cosas” (pag. 290, col. 2, Las itálicas son mías). Edwards distingue entre el simple conocimiento especulativo y el conocimiento sensible. El  primero  es el tipo de conocimiento mediante el cual podemos distinguir un cuadrado de un triangulo. El otro es el “tipo de conocimiento mediante el cual un hombre tiene una percepción sensible entre la amabilidad y la odiosidad, o entre la dulzura y lo nauseabundo.” Así es, es ” el sentir del corazón en el que la mente no solo especula y contempla sino que apetece y siente…. Sin embargo, hay instrucción en esto; es como el que ha percibido le dulce sabor de la miel, que sabe mucho más acerca de eso que  aquel que solo la ha mirado y la ha tocado.” Esta es pues, la base de su definición de la comprensión espiritual: “La comprensión espiritual consiste principalmente de este sentido o gusto de la belleza moral de las cosas divinas” (pag. 283, col 2).

En este sentido, Edwards cita 2 Corintios 4:3-6

Y si nuestro evangelio está velado, lo está para aquellos que están muertos en cuyo caso el dios de este mundo ha cegado la mente de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo quien es la imagen de Dios; porque nosotros no nos proclamamos a nosotros mismos sino a Jesucristo  como Señor y a nosotros  como esclavos de ustedes por amor a Jesús. Porque el Dios que dijo: "La luz resplandecerá de las tinieblas" es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación  del conocimiento de la gloria de Dios / em en el rostro de Cristo.

  1. Edwards dice, “Nada puede ser más evidente que la creencia salvadora del Evangelio que se habla aquí por el apóstol como  resultado de la mente que se ha iluminado al ver la gloria divina de las cosas que le han sido exhibidas. (pag. 290, col. 2, y también pag. 283, col 1). De acuerdo con esto podemos decir que “la mente está espiritualmente convencida de la divinidad y la verdad de las grandes cosas del evangelio, cuando esa convicción surge ya sea directa o indirectamente, de sentido o la vista de esa divina excelencia y gloria tal como ha sido exhibida. (pag. 290, col2).   

La Unidad de lo Razonable de la Fe y la Espiritualidad

La fe salvífica debe ser entonces ambas cosas, razonable y una convicción espiritual. Debe estar fundada de una “real evidencia” y debe surgir de un sentido o de la vista de la gloria de las cosas del evangelio. Ahora la relación entre lo razonable y lo espiritual de la fe salvífica es evidente. Esto es precisamente lo que es visto por la aprehensión espiritual la cual constituye” la evidencia real” sobre la que descansa la fe. La seguridad del creyente común, los que no son históricos, “es del todo agradable a la razón; porqué la divina gloria y belleza de las cosas divinas es  en si misma evidencia real de su divinidad, y de hecho la más directa y fuerte” (pag. 290, col 2). Edwards puede unir el contenido de la “evidencia” en una frase: “Gloria Divina.” Él no quiere decir que el creyente común “juzgue que  las doctrinas del evangelio sean de Dios, sin ningún argumento o deducción en absoluto, pero lo es sin ninguna larga cadenas de argumentos;  el argumento no es más que uno, y la evidencia directa; la mente asciende a la verdad del evangelio, pero paso por paso, y esa es su divina gloria” (pag. 290, col 2, las itálicas son mías). Así que es evidente que lo razonable y lo espiritual de la fe salvífica se resuelve en una sola y misma cosa. La convicción es espiritual en que surge de un sentido espiritual de la gloria divina del evangelio y es razonable en que está fundada sobre “evidencia real,” la cual es su gloria.

Edwards procura guardar su punto de vista de dos errores relacionados. Uno  le acusaría de hacer el conocimiento doctrinal subjetivo; el otro diría que su “evidencia real” está en el creyente, no en el evangelio que está  fuera de él. Por lo tanto Edwards insiste  en que “la comprensión espiritual no consiste en ningún nuevo conocimiento doctrinal, ni sugestionar  la mente con ninguna nueva proposición, no sin antes leer u oir sobre ello: pues está  claro que esta sugerencia  de nuevas propuestas, es una cosa totalmente diferente de dar a la mente un nuevo sabor o  gusto de la belleza y la dulzura” (pag. 285, col. 1)."2" "2" "2"22 Además, Edwards en que la “evidencia real” la cual se nos permite ver a través de la acción del espíritu Santo (pag. 290, col. 1; pag 291, col 1) no está dentro de nosotros: “La espiritualidad para comprender  las escrituras es tener los ojos de la mente abiertos para observar la maravillosa excelencia espiritual de las cosas contenidas en el verdadero significado de esto, y que siempre fue contenidas en el, desde el mismo momento en que esto fue escrito” (pag. 285, col. 2).

Si la “evidencia real” de la divinidad de las cosas del evangelio ha estado siempre allí en el significado original de las Escrituras, ¿Por qué hay tan pocos que ven y creen? Edwards prevé la objeción implícita en esta pregunta y responde “No es un  argumento el  que esto  no pueda  ser visto, poque algunos no  lo ven; aunque puedan ser hombres de disernimiento en cosas temporales” (pag. 291, col. 1). La razón por las que pocos ven y creen es porque  “la mente del hombre está por naturaleza llena de enemistad encontra de las doctrinas del evangelio; lo cual es una desventaja para esos argumentos que pprueban su verdad, y causa que pierdan la fuerza que pudieran tener sobre la mente” (pag. 293, col. 1). Esta natural enemistad se convierte en un velo que cubre la mente o que produce la ceguera de la mente ante lo que realmente está allí. Así que el salmista ora, “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Salmo 119:18). Cuando el Esspíritu santo contesta esta oración convirtiendo nuestra natural enemistad hacia la gloria del evangelio, estamos entonces verdaderamente en capacidad de asirnos de él, de saborearlo, y entonces nuestra fe se convierte tanto en espiritual como en  razonable.

Razonamiento Histórico y Fe Salvífica.

En cuanto a la base de la fe que acabo de describir dice Edwards, “a menos que los hombres puedan venir a strong/stronguna persuasión y convicción razonable y solida de la verdad del evangelio mediante evidencias internas"3" "3" "3"23 por  la forma en que ha sido predicada, a saber, por una señal de su gloria; es imposible que esos que que no son literatos y que no están familiarizados con la historia puedan tener una convicción profunda y eficaz  en absoluto (pag. 292, col 1). strong/strong es por  estos claros hechos en la experiencia y  orientación pastoral de Edwards que él no pierde tiempo desarrollando argumentos históricos para la verdad del evangelio.

Hay otra razón: no solo la mayoría de las personas es incapaz de pensar históricamente, sino, que aun si pudieran, la simple demostración de la verdad del evangelio no necesariamente produce fe salvífica o convicción espiritual. La razón es que el verdadero objeto de la fe salvífica no es la simple factibilidad  del evangelio sino (como se demostró anteriormente) su belleza y divina gloria. “Hay una gran variedad en grados y fortalezas de la fe, así como hay una vasta variedad en los grados de claridad de las visualizaciones de esta gloria: pero no hay verdadera y salvífica fe, o convicción espiritual del juicio, de la verdad del evangelio, que no tengan  en sí  de estas manifestaciones de su evidencia interna, en algún grado” (Pag. 293, col. 1). En otras palabras, no importa que tan fuerte sean los argumentos históricos externos, aun puede “no haber convicción espiritual del juicio, sino el que surge de una aprehensión de la belleza y gloria  espiritual de las cosas divinas” (pag. 293, col 1)

A medida que Edwards evalua al mundo erudito de su tiempo  no halla una causa deestímulo de que  la apologética histórica inclementará la prevalencia de la fe. En cuanto a los argumentos históricos de su tiempo el escribió, “En realidad no es sino muy recientemente que estos argumentos se han puesto de una forma  clara y convincente incluso para los mismos eruditos: y aunque ya  se ha hecho, nunca hubo un menor número de creyentes convencidos, en ninguna época como en esta, en la que estos argumentos se manejan con la mayor ventaja,  la infidelidad  prevaleció tanto entre los que han sido educados en la religión verdadera” (pag. 292, col. 2). Edwards  habla seriamente cuando se refiere a los argumentos históricos como “claros y convincentes.” En otra parte el se refiere a la “clara evidencia de la historia de la verdad de los hechos en épocas diferentes” (pag. 292, col. 1). Sin embargo, los argumentos históricos a menudo parecen ser ineficaces.

¿Puede entonces Edwards hacer  algún uso de tales argumentos sobre la verdad del evangelio? El es muy claro en esto: “Se puede hacer gran uso de los argumentos externos, no deben ser relegados, sino altamente apreciados y valorados; porque ellos pueden ser de gran servicio en la posibilidad de despertar a los incrédulos, y traerles a una seria consideración, y confirmar la fe de los santos verdaderos; si, ellos pueden ser en algunos aspectos subordinados a la  generación / em de una fe salvadora en los hombres” (Pag, 293, col. 1). Para Edwards entonces el principal valor de los argumentos históricos es que ellos nos conducen a considerar con mayor cuidado el evangelio y convertirse así en un medio para nuestra comprensión espiritual de su gloria que es la que genera una fe  salvífica.

En conclusión yo me permito sugerir que en el tema de la fe y la historia Jonathan Edwards merece nuestra  seria consideración, porque él es capaz de mantener unidas  cosas que en nuestros días a menudo están aisladas en diversos campos teológicos. Primero, él respeta y fomenta  la validez de la búsqueda de argumentos históricos de las verdades del evangelio.  Segundo, él reconoce que esos argumentos tienen una función limitada no porque sean contrarias a la naturaleza de la fe (como  dicen los teólogos existencialistas),  sino porqué la gran masa de gente común no pueden conducirse a través de unos detallados argumentos históricos. Tercero, la fe debe ser razonable sin embargo, si se va a guardar la fe, es decir, que debe tener una base justa para la certeza. Esta base, sostiene Edwards, está realmente allí en el registro del Evangelio para todos los que tienen ojos para ver.

Notas.

El renacimiento del interés en Edwards puede ilustrarse tanto por la reciente reedición de sus obras y las numerosas monografías que tratan su vida y pensamiento. 

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